Evald - Eslovenia

CEL11022 0569Fue pura casualidad que me diagnosticaran el síndrome mielodisplásico y que me lo trataran. A principios de otoño de 2011, tuve cita con mi cardiólogo para una revisión rutinaria puesto que notaba un dolor recurrente en la zona del corazón, estaba pálido y me sentía flojo. Estaba cansado incluso después de hacer ejercicio físico relativamente suave y tenía que descansar durante un periodo de tiempo considerable. Desde que empecé a tener una actividad física bastante activa durante el verano –y, de hecho, puede que demasiado activa (andaba, nadaba, etc.)-, tenía miedo de sufrir una enfermedad cardíaca o incluso un ataque. Mi médico, que conocía mis valores cardiovasculares desde hacía un tiempo, descartó mis suposiciones y me pidió unos análisis de sangre. Los resultados de los análisis mostraron que tenía pancitopenia (una reducción del número de glóbulos rojos, blancos y plaquetas) por lo que me enviaron inmediatamente al departamento de hematología de la University Medical Centre, en Medicina Interna. Allí me hicieron unos análisis de sangre más exhaustivos pero me recomendaron hacerme una biopsia de médula ósea, gracias a la cual el hematólogo determinó que se trataba de un caso de síndrome mielodisplásico. Más tarde me hicieron una segunda biopsia que indicaba que la enfermedad era inclasificable. Me dijeron que mi tratamiento tenía dos variantes posibles: la primera, transfusiones sanguíneas regulares; la segunda, medicación que todavía no se había probado mucho ni se sabía hasta qué punto era eficiente. Decidí rechazar las transfusiones de sangre y optar por el tratamiento más intenso con la nueva medicina. El médico apoyó muchísimo mi decisión.
De momento solo he recibido el tratamiento médico durante un curso entero y, aunque la mejoría todavía no se ve reflejada en mis hemogramas, me he ido sintiendo muy bien –de hecho, tan bien, que he sido capaz de reanudar mi actividad profesional como profesor de literatura comparativa.
CEL11022 0491Me gustaría resaltar otro aspecto del tratamiento muy importante y beneficioso: el psicológico, es decir, la cantidad extraordinaria de cuidado que los pacientes con desórdenes hematológicos pueden llegar a recibir. Me fascina comprobar la eficiencia de todos los métodos y el trabajo meticuloso que se lleva a cabo. Al mismo tiempo admiro la cortesía de todo el equipo de profesionales, su amabilidad, su excepcional implicación y sus esfuerzos, paciencia y cuidado sin límites. Estos rasgos caracterizan el trabajo de todo el departamento, que también se reflejan en pequeños gestos y acciones, que sirven a su vez para calmar o incluso animar a cualquier paciente.

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